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SANTÍSIMO CRISTO DE LA HUMILDAD

 

Antigua Hermandad y Real Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo (Ecce-Homo), Nuestra Madre y Señora de la Merced y San Juan Evangelista.
 

.CRISTO DE LA HUMILDAD EN SU PRESENTACIÓN AL PUEBLO (ECCE-HOMO)

Localización: Iglesia parroquial y Real Santuario de Santa María de la Victoria y la Merced

Cofradía titular: Antigua Hermandad y Real Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo (Ecce-Homo), Nuestra Madre y Señora de la Merced y San Juan Evangelista.

Fundación: 1694, en el convento de la Merced.

Autor: Francisco Buiza Fernández

Fecha realización: 1981-1983

Iconografía: La Presentación de Jesús al Pueblo (Ecce-Homo)

Materiales: Madera policromada.

Dimensiones: 1´77 m.

Vestidor: Miguel Alonso Cueto Sánchez

El 24 de Septiembre de 1980, se reorganizaba la antigua Hermandad del Ecce-Homo, bajo la presidencia del diseñador Juan Casielles del Nido. Precisamente, se debe a Casielles haber trazado en un bellísimo apunte a lápiz, las líneas maestras de la que habría de ser la escultura procesional más clásica y lograda de la producción de Francisco Buiza Fernández.

Al recibir el encargo del Ecce-Homo, el escultor se encuentra en el tramo final de su vida. Será éste el momento en el que, insospechadamente, recupera el aliento creador. Para dar forma corpórea al dibujo de Casielles apela a fuentes de inspiración, separadas en el tiempo pero unidas por unos vínculos estéticos comunes. Concretamente, las refinadas versiones dieciochescas que algunos maestros sevillanos practicaron sobre la base de la iconografía pasionista del XVII y la quintaesencia de la escultura andaluza tipificada por Montañés y Mesa. El resultado es este soberbio y sentido Cristo de la Humildad, dechado de delicadeza, clasicismo, intimismo y sutiles aires melancólicos, combinados con una morfología somática depurada en cuanto a detallismo musculares, y modelada con cándida morbidez. El elegante giro de la cabeza y la impronta de las facciones recuerdan algunos ejemplares del Barroco tardío. En particular, el Ecce-Homo (h. 1730) de la Capilla de San Pablo de Cádiz, atribuido al escultor José Montes de Oca (1668-1754), un artista hispalense que perpetua hasta la primera mitad del XVIII, el caudal estético y la unción sagrada de la imaginería barroca.

En el Cristo de la Humildad, Buiza ha creado un modelo de apostura, cuyo gesto abatido y la forzada disposición de los brazos y manos, estas últimas atadas y cruzadas delante del vientre, no consiguen mermar ni un ápice la heroica majestuosidad que prevalece en la planta de toda la figura. El cuerpo responde a un canon más esbelto del habitual en la mayor parte de sus obras, de las que también se diferencia por el menor volumen de la cabeza En el torso combina una anatomía atlética para los brazos y una complexión fornida y más realista para el pecho, donde los músculos pectorales se hallan relajados y con cierta flacidez. tan acertada interpretación del desnudo, se complementa con el tratamiento realista que reciben las manos y los pies, en donde se destacan huesos, venas y tendones sin necesidad de recurrir a crispaciones y distorsiones antinaturales. Idéntica compostura revela la configuración de la hermosísima cabeza. Por una vez, Buiza concibe un rostro viril que es el fiel reflejo de la bondad y perfección espiritual del personaje, olvidándose de sus temperamentales y ariscas testas critíferas. El Cristo de la Humildad ha sido sorprendido en un instante introspectivo de ensoñación y de encuentro reflexivo consigo mismo. La profunda amargura y tristeza interiores se percibe en los ojos entornados, escasamente abombados, el ceño quebrado y encogido, y el gesto desfallecido y cohibido que parecen musitar unos labios bien dibujados y poco salientes. La nariz, algo aguileña, actúa de eje de simetría de un rostro pródigo en efectos claroscuristas, a raíz del contraste volumétrico entablado entre los pómulos prominentes, las mejillas deprimidas y el escaso hundimiento de las fosas orbitales.

En la talla de la barba y el bigote, tiende hacia un virtuosismo técnico impecable. Lo mechones, muy espesos y surcados de estrías, se rizan por las puntas con profusión de formas espirales que alaben el contorno inferior de la faz. Los cabellos de la barba fluyen de una perilla lanceolada que nace en el mismo borde del labio. Si al principio las fibras capilares son luengas y lacias, al llegar a los extremos bífidos se curvan y se enroscan para formar dos caprichosas volutas, cuya disposición simétrica no aminora su logrado preciosismo barroco. La cabellera, más convencional, presenta la corona de verticalmente una serie de guedejas trenzadas de diferente longitud y ondulación.

Francisco Buiza Fernández murió en el momento en el que la escultura se hallaba finalizada de talla. Su discípulo Francisco Berlanga de Ávila se encargó de policromarla a base de entonaciones claras que subrayan la correcta distribución, cromática de las heridas y contusiones, alcanzando un hondo verismo en la interpretación de la espalda flagelada y las magulladuras del rostro.

Las trágicas circunstancias que reúnen en el Cristo de la Humildad la obra póstuma de un artista novel, se constatan en la inscripción grabada en el perizoma: "Francisco Buiza, 1982. Francisco Berlanga, 1983". En una nota fechada el 7 de abril de 1983, un mes después del óbito del artista carmonense, Berlanga ponderaba la ilusión y la satisfacción que la obra y, particularmente, su espléndido desnudo había suscitado en el ánimo del Buiza, solicitando a la Hermandad la convivencia de "que luzca roda talla, como le hubiera gustado a mi maestro Q.E.D. y aunque solo sea en su memoria, ponedlo así aunque sea una vez al año". En definitiva, el rostro, apacible, el somero contrapposto del cuerpo y el sorprendente quid divinum del Cristo de la Humildad traducen los esfuerzos de Buiza por alcanzar parte de la "magia" del Lisipo andaluz. En este sincero "canto de cisne" que sirvió para clausurar brillantemente su dilatada carrera, demuestra que, aunque demasiado tarde, sus objetivos y sus sueños artísticos se vieron cumplidos.

Fuentes documentales:

SÁNCHEZ LÓPEZ, J.A.: "El Alma de la Madera: Cinco Siglos de Iconografía y Escultura procesional en Málaga",Málaga, 1996.

Vid. GONZÁLEZ ISIDRO, J.: "El Ecce-Homo de la Iglesia de San Pablo", Boletín del Museo de Cádiz III, 1981-1982.

SÁNCHEZ PEÑA, J.M.: "Los Cristo de Montes de Oca", en Sentir Cofrade nº 12, Cádiz, 1991.

TORREJÓN DÍAZ, A.: "La imaginería pasionista de José Montes de Oca" Retablo nº 3, Sevilla, 1989

TORREJÓN DÍAZ, A.: "eL ESCULTOR Monte Oca", Diputación Provincial, Sevilla, 1987.

A.H.E.H.M., Expedientes nos. 11-14, Secc. 4ª, División: PV, Asunto: Relacionado con proveedores y artistas, Leg. A-nº 28, comunicación fechada en 7-abril-1983.