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Manuel Antonio Iglesias - Hermano de la Cofradía de la Humildad

"Mientras que el cuerpo aguante"

   Pasaron ya muchos domingos de Ramos desde aquella primera salida procesional. Aun recuerdo con agrado el momento en el que mi hermana, en la pequeña tienda familiar, me dijo: “estoy en una cofradía nueva, nos hace falta gente y el domingo sacas un trono”. Llevaba años sin sacarlos y creí que estaba de broma  pero me situó en la pared, marco una señal a la altura del hombro y me talló.

   Llegar al  Santuario  el   primer  año  fue  toda  una  experiencia . Como para  tantos otros, ese  Domingo de Ramos estuvo plagado de emociones y  recuerdos  y,  en mi caso, aun sin saber claramente por que llevaba el Trono, me  dije  que  saldría  en  él  mientras  que  el  cuerpo  aguatara.

   Pasaron  años  de  preguntas  y  dudas, de convencerme a mí mismo de que salía de portador, como mucha gente,  por  tradición,  porque en Málaga,  los tronos, todo el mundo los saca. Siguió pasando  el tiempo y el recuerdo aun de esa primera salida  y de ese  sencillo  trono  con  ese  monte de claveles siguió marcándome.

   Fueron pasando años y pasando Domingos de Ramos y el transcurrir inexorable del tiempo no hizo más que seguir acumulando vivencias y emociones; ese compañero de varal que va  dejando  el puesto, esa monjita que ayudada  por  otras  salía  a  rezar  en  su  ventana al  paso del  Cristo  por  Calle  de  la Victoria ,esa  persona  marcada  por el tratamiento de la enfermedad, a la que ves santiguarse y rezar en silencio cuando pasa el Señor de la Humildad. Cómo se hunde el varal  y que poco pesa, cuando un año, entre esas personas, está tu padre. En fin innumerables momentos que  hacen  que  un  hombre  de  Trono  pueda secarse a la vez el sudor y  las lágrimas y sentirse orgulloso de llevar a su Cristo en la Estación de Penitencia.

   Esos  momentos  pasaron  y  llego  el doloroso  trance de abandonar el  varal , te  resistes pero llega : Mi decisión fue  la  misma,  mi  Domingo  de  Ramos con mi Cofradía y acompañando a mi Cristo mientras que el cuerpo aguante, en esos momentos te asaltan de nuevo las preguntas de antaño, ¿Por qué sales?.  Pero  lo  cierto  es que ahí estaba,  donde  me  dijeron  que  hacia  falta, un par de años de servicio exterior y luego otra marcable experiencia, la de volver, tras más de 25 años a vestir de Nazareno. Si llevar  sobre mi hombro a mi Cristo de la Humildad me marcó durante años, la vivencia de cubrirme con el capirote e iluminarle el camino que tiene que recorrer es algo que difícilmente puedo expresar con palabras.

   Llega otro Domingo de Ramos,  planteamientos y preguntas se renuevan y, en un año muy especial para mi,  tienen también  las mismas respuestas.  Mi Cristo de la Humildad,  el que  me permitió llevarle en  mi  hombro  desde  su  primera  salida  procesional,  el  que  me ha ido  marcando durante  tantos  años  y  me  guió  para  abandonar  su  varal  e  integrarme  entre  los  que  dan  luz  a  su  camino en la Estación de Penitencia,  El, y siempre mientras que el cuerpo aguante,  sabe  que  mi  Domingo de Ramos es  para  acompañarlo y que seguirá contando conmigo aunque ahora tenga que seguirle en sus filas de penitentes.

Manuel Antonio Iglesias Pérez. 

 

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